Un soneto me manda hacer Violante...

 

Un soneto me manda hacer Violante, / que en mi vida me he visto en tal aprieto, / …

      Lope sabía salir de sus aprietos en menos de un minuto, pero dudo que yo pueda nunca salir de éste en que mis hijos me han metido estas Navidades hakeando mi carta a los Reyes Magos para intercalar entre sus renglones la petición de este blog.

     Y es que la idea de un blog está más en sus sueños que en los míos. Es más, mirándola ahora desde el vértigo que me provoca su presencia, yo la situaría entre mis pesadillas. A ellos les gusta lo que escribo y han querido hacerme el regalo de una estantería donde pueda colocar mis trabajos, una vez terminados, a su disposición y a la de todos. Imaginan sus vacíos estantes rellenos con mis trabajos pasados y -¡ay!- futuros, y esto último es lo que me inquieta: He ido hasta ahora a mi tranquilo paso haciendo lo que he hecho, pero ahora me entra el pánico de no poder o saber afrontar el siguiente o siguientes trabajos que se me planteen y tener esa espinita de frustración pinchándome la conciencia todos los días. Y el temor de no mantener el listón de mi pasado por falta de atención, dedicación o, ya, capacidad. Además, con mucha suerte, creo que vengo a terminar uno o dos trabajos al año y esa lentitud acabará con la paciencia de cualquier lector potencial, hijos incluidos. En fin que “Un soneto me manda hacer Violante…”

      He tardado estas semanas en estrenar este regalo envenenado de infinitas páginas en blanco, con esta introducción a la que afortunadamente puede seguir el fácil cortaypega de mis trabajos anteriores antes de afrontar el tenebroso vacío que se abrirá entonces a mis pies. A ver qué pasa ese día.

      Como el soneto de Lope, además de ingenioso es divertido, lo reproduzco entero para quienes no lo recuerden:

 

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

 

Yo pensé que no hallara consonante,

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto,

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

 

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

 

     Y ese no fue el único que dedica a la versificación; aquí está este otro:

 

Me levanto de esta silla

para poder demostrar

que escribir una quintilla

es la cosa más sencilla

que se pueda imaginar.

 

Quizás hiciera más, pero no he dado con ellos.

Hasta la próxima.

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