Empezando por lo fácil


    Lo fácil es el trabajo ya hecho, el fácil cortaypega a que aludía en mi anterior entrada. La primera muestra es el trabajo sobre el monumento a Zorrilla en Valladolid, para mi curso de Introducción a la Historia, del grado de Historia y Ciencias de la Música, en 2022.


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LAS CARTAS de Dolores Armijo

 Vicente Pérez Díaz

Introducción a la Historia 2022

Prof. Enrique Gavilán Domínguez

“Monumentos”

 

1837. Es 13 de febrero y Larra pasa el día exultante. Esa mañana le ha devuelto a la vida una nota de Dolores anunciando su visita ¿habrá recuperado su amor?  No. A la noche ella llega adusta. Solo quiere recobrar sus cartas como punto final. Derretidas las efímeras alas, la caída es imparable. Bajando la escalera, Dolores oye a sus espaldas el disparo y, demudada, apresura el paso. Con 27 años, Larra es ya un monstruo consagrado y esa muerte conmociona Madrid. Como uno más, un anónimo genio de 20 años, pequeño, flaco, desmedrado y pobre, agazapado en la oscuridad y la bohemia en la que se ha formado poco a poco, vierte su emoción en un poema para el periódico. Llega tarde a entregarlo y corre tras el editor que salió para el entierro, que es multitudinario. Lo alcanza en el cementerio, entre la muchedumbre de la cabecera con el todo Madrid del periodismo, la literatura, el arte, la política…, todos sobrecogidos e incrédulos, con la emoción erizando su vello. El editor mira los versos y empuja a su autor a leerlos ante el féretro aún abierto. Desde el arranque, la emoción desgarra a todos los oyentes: ”Ese vago clamor que rasga el viento / es la voz funeral de una campana: / Vano remedo del postrer lamento / de un cadáver sombrío y macilento / que en sucio polvo dormirá mañana.” El poeta no puede terminar; al quebrarse su voz quien está al lado le arrebata el pliego y acaba la lectura. El efecto teatral es inenarrable. La diosa Fortuna le toca con su dedo. Dolores Armijo le ha concedido a Zorrilla en un instante lo que a otros cuesta toda la vida: Fama inmediata entre los que la hacen y la encumbran. Quienes lo presenciaron lo amplifican en sus periódicos para España entera. Lo demás ya lo tiene: el genio incontenible, la conexión innata con el alma de sus contemporáneos y el trabajo incansable. Y su carisma, su magnetismo personal que le hacía irresistible a quienes lo trataban. Su obra entusiasma a todos durante todo el siglo. ¿Calidad? ¿Quién la pide a un romántico?; basta fuerza emotiva, sentimiento, emoción, y eso lo tiene a espuertas. Quizás no dice nada, pero conmueve y emociona haciendo suspirar y llorar de alegría o de pena a todo el que lo lee. Larga vida, 76 años. Con una esperanza de vida de 35 años en aquellos entonces, se suceden ante él varias generaciones para las que es visto como un dios. A los 72 se le corona Poeta Nacional. Gloria en vida, toda su vida ¿qué más querríamos pedir al genio de la lámpara? Sí, quizás, que eso dé para vivir con cierta holgura; y eso no lo consigue -no se puede tener todo- sobre todo al final de sus días; sus obras, ya vendidas, solo seguían dando dinero a quienes las compraron y él dependía para la comida de cada día del éxito, cada vez más menguado, de lo que escribía cada día. Pero gloria… infinita. A su muerte, el entierro desborda las calles de Madrid.

Inmediatamente, la Patria, que le negó una pensión en vida, decide atropelladamente agradecer todo lo que había recibido del poeta y elevarle el merecido monumento que perpetuara su fama y su gloria universal. Se abre una suscripción nacional para recaudar fondos. El fin se cubre muy sobradamente y hasta el Gobierno entrega dos cañones de bronce para fundir la estatua. Valladolid obtiene la sede, esgrimiendo el mérito de ser cuna del poeta y objeto de su predilección en que pidió ser enterrado. El reñido concurso para su ejecución es ganado por Aurelio Carretero, un escultor laureado de Medina de Rioseco, formado en Valladolid, Madrid, Roma, Nápoles y Génova y autor en la ciudad de otros monumentos al Conde Ansúrez, Miguel Iscar, Emilio Ferrari. Se elige una ubicación privilegiada a la puerta del Campo Grande, frente a la calle Santiago y dando entrada al paseo que ya desde hace años lleva el nombre del poeta. Sobre un alto pedestal (el efecto de la escultura mejoró mucho al sobrealzar el original, más bajo), el gran poeta, de pequeña estatura, es retratado de pie, gigantesco como lo ve la imaginación de sus lectores, declamando de memoria sin mirar el pliego que tiene en su mano izquierda, mientras que con la derecha parece derramar sus palabras a quienes lo escuchamos, entre los que destaca una bella joven alada, la Poesía, que escucha atentamente al genio, mago divino de la rima, bebiendo sus palabras. La inauguración del monumento se hace coincidir con la de las Ferias de la ciudad en septiembre de 1900, con presencia del Gobierno de la Nación, representación de la Corona y asistencia de toda la ciudad. Desde entonces adorna e ilumina ese mismo lugar inspirando a todos los que le recuerdan e intrigando a quienes no le identifican que, afortunadamente, encuentran cumplida información en las tarjetas de bronce de su pedestal.

Hoy, la poesía ha sido asesinada por la prisa y el teatro enterrado por el cine, que está herido a su vez y moribundo entre televisión y multimedia. Y de la mayoría de los textos de poetas y dramaturgos, apenas la memoria mantiene los títulos de algunos. Entre los de Zorrilla hay muchos que aún nos evocan algo: Traidor, inconfeso y mártir. Margarita la tornera, El zapatero y el rey, El puñal del godo, A buen rey, mejor testigo, Oriental, y…  Don Juan. Don Juan Tenorio, la obra más representada de España, escrita en veinte días febriles. -¡Bah!, no vale gran cosa.  -Dicen los eruditos. Pero conecta, encanta y encandila a todos. Desde los primeros cuatro versos, que retratan con magistral estilo la chulería de su protagonista, molesto por el jolgorio del carnaval: “¡Cuál gritan esos malditos! / Pero, ¡mal rayo me parta / si en concluyendo la carta / no pagan caros sus gritos!”

El cambio de los gustos y las vidas ha podido con la fama de Homero, de Horacio y de Virgilio. Dante, Lope, Cervantes… sombras de lo que fueron, se están tambaleando, casi pidiendo asilo en las Universidades, a modo de los monasterios medievales. Vemos hoy a Zorrilla perderse entre la niebla emitiendo débiles destellos cada día de difuntos -eso que ahora llamamos Halloween-. Pero en nuestro ir y venir por la ciudad, al topar con su efigie caemos en la cuenta de a qué alude el nombre de esa plaza y al alzar nuestra vista nos vuelve la emoción al oír al pequeño gigante declamar quedamente desde sus dos cañones: “Doña Inés del alma mía, / luz de dónde el sol la toma …”

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Fuentes consultadas:

Burgos, Carmen de, “Colombine”. “Fígaro”: (revelaciones, “ella” descubierta, epistolario inédito). Madrid. Imprenta de Alrededor del Mundo. 1919.

Cano de Gardoqui García, José Luis. Escultura pública en la ciudad de Valladolid. Valladolid. Secretariado de publicaciones e intercambio Editorial. Universidad de Valladolid. 2000

Darío, Rubén. Autobiografía Oro de Mallorca. Mondadori España. Madrid 1990.

Fernández del Hoyo, M.A. Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid. Servicio de Prensa y Publicaciones del Ayuntamiento de Valladolid 1981.

González García-Valladolid, Casimiro. Valladolid, sus recuerdos y grandezas. 3 vols. Valladolid. Imprenta Juan Rodríguez Hernando. 1900-1902.

Visita guiada a la Casa Museo de José Zorrilla en Valladolid.

Voz Zorrilla de la Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa Calpe, Tomo 70. Espasa Calpe S.A, 1930

Wikipedia (cómo no) y otros sitios de la red.

 

 

 

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