Sully

 

Sully

      El 15 de enero de 2009, un avión de pasajeros a poco de despegar de Nueva York averió sus motores al cruzarse con una bandada de aves y, planeando, amerizó en el río Hudson, con tan buena suerte que se salvaron todos sus 155 ocupantes. Lo vimos en el telediario aquella noche y celebramos la buena fortuna del suceso. Y nos olvidamos de la historia. En Estados Unidos el asunto coleó bastante más; apreciaron mejor su verdadera importancia y el piloto de la aeronave, capitán Chelsley B. Sullemberger, “Sully”, pasó a convertirse en héroe nacional que -fijaros desde ahora si todavía no os disteis cuenta- se mencionaba en serio o en broma en muchas películas de esos años. Poco después publicó su autobiografía en colaboración con Jefrey Zaslow, y en 2016 Clint Eastwood la plasmó en una película que nos hizo ver a todos el tamaño de su hazaña. Y es que lo que hizo Sully nadie más lo ha hecho. Ni antes, ni después. Y no fue una casualidad. Ni buena suerte. No podía haberlo hecho nadie sino Sully u otro como él, uno entre cien millones. Libro y película nos muestran cómo se construyó el hombre que la casualidad puso ese día a los mandos de aquel avión, para suerte de todos sus ocupantes.

     La película me impactó, y el libro me gustó tanto que lo regalé a diestro y siniestro a quienes me importaban y a quienes creí que les podía aprovechar. A los más allegados les incluí en una tarjeta plastificada -lo hago mucho- algunos párrafos que me parecieron capitales. Y es esa tarjeta la que incluyo aquí para provecho de cuantos se asomen a este blog.

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